Kyoto, a diferencia de Tokio, es una ciudad mucho más tradicional, que no tranquila. La gente parece estar de otro rollo, o por lo menos eso nos parece a nosotros. Tenemos la suerte de tener el hotel en el puñetero centro (Watazen Ryokan, por si alguien está interesad@), así que todo está relativamente cerca... Unos 2 minutos andando nos separan del mercado, donde se puede comprar de todo, desde fruta, dulces, pescado, ropa... También está llenos de restaurantes y sitios para tomarse algo y descansar. Es curioso, pero hemos vuelto al sitio donde hace dos años nos recibieron y donde comimos de lujo. Ha sido una grata sorpresa comprobar que todo seguía en su sitio y que la señora que nos atendío aquella vez, tan simpática y agradable, seguía siendo la misma de siempre. El Katsudon más rico que he probado por aquí. Restaurante pequeño y familiar, con un sabor y un cariño a la hora de hacer las cosas que da gusto volver. No sabría decir el nombre ni como llegar, espero que pueda editar esta entrada para que la gente pueda ir...
Uno de los destinos que teníamos reservados en Kyoto era el templo Kiyomizu o Kiyomizudera, 清水寺, en japonés templo del agua pura) denomina a varios templos budistas, y más comúnmente se refiere al templo Otowasan Kiyomizudera (音羽山清水寺) (toma copiada de la Wikipedia...). Al ser hoy 23 de Noviembre, día del trabajador en Japón, el templo estaba hasta el ojete de gente. Así que ni hemos bebido agua (que se supone que da salud, longevidad y éxito en los estudios), ni hemos hecho lo de las piedras del amor (ya que unos están casados, la otra tiene sus movidas y yo estoy relativamente jodido con este tema) y tampoco hemos saltado al vacío (aunque esto está prohibido para todo el mundo...). Fotos y marcha hacía la estación de Kyoto, ya que esta vez nos íbamos a pasar por Inari.
Inari, además de ser un pueblo muy bonito cerca de Kyoto (a dos paradas dirección Nara, la cual la dejamos para otra vez que vengamos), podemos encontrar el Fushimi Inari taisha (伏見稲荷大社) que es un santuario (jinja, 神社) sintoísta dedicado al espíritu de Inari (protector de las cosechas). Allí lo más famoso son los 1000 toriis rojos, haciendo un camino por donde se pasa por dentro de ellos. Suelen ser donaciones de familias, empresas, etc... La movida es que nosotros no teníamos ni puñetera idea de esto y básicamente hemos ido porque en la película Memorias de una Geisha, aparece este sitio. La excursión ha merecido la pena, aunque hay que estar atentos por donde se va, ya que es fácil perderse (los planos no ayudan).
Nada más salir del santuario, hacemos las compras de rigor, comprobando una vez más lo agradecidos que son algunas personas japonesas. Al salir de la tienda y recorrer unos metros, la señora que nos había vendido las cosas salia corriendo para obsequiarnos con unas chocolatinas para el viaje de vuelta. Arigatous por todos los sitios y nosotros flipando.
Nada más. Sorprendidos por Kiyomizu y Inari, tanto uno por su belleza ya conocida como por el otro por su sorprendente y desconocido (para nosotros) paraje, al que recomendamos hacer una parada y dedicarle unas horas...
"Consejo: No dejarse sacar fotos por viejos con cámaras caras... pasarán hasta de enfocarte bien"


1 jart han comentado...:
Todavía os quedan unos días para disfrutar de este gran viaje que podemos compartir con vosotros gracias a las fotos y a los blogs.
El cansancio estará haciendo mella en vuestros cuerpos, pero también la sensación de estar viviendo una experiencia inolvidable.
Un fuerte abrazo a los cuatro y nos vemos pronto.
Publicar un comentario en la entrada